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Fugas espinales de líquido cefalorraquídeo

Contenido

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Introducción

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Tipos de fuga

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Pronóstico

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Otras consideraciones

Introducción

El líquido cefalorraquídeo (LCR) es un líquido transparente e incoloro que baña y amortigua continuamente al cerebro y la médula espinal. El LCR fluye desde los ventrículos cerebrales hacia el espacio subaracnoideo que rodea el cerebro y la médula espinal, antes de ser reabsorbido en el torrente sanguíneo.

El LCR es esencial para el funcionamiento del sistema nervioso central. Tiene dos funciones principales: reducir el peso cerebral efectivo de 1500g a unos 50 g para evitar lesiones mecánicas y proporcionar un medio para la transferencia de nutrientes y productos de desecho.

El sistema nervioso central de un adulto promedio contiene entre 125 y 150 mililitros de LCR. Este líquido se produce y reabsorbe de manera constante, generándose aproximadamente 500 mililitros al día, lo que permite que el LCR se renueve por completo unas 4 o 5 veces diariamente.

El LCR se mantiene en su sitio gracias a la duramadre, que es la capa más externa de las meninges y la más resistente. Cuando hay un agujero, desgarro u otro defecto estructural en la duramadre, en algún punto de la columna vertebral, el LCR puede filtrarse a los tejidos circundantes o a una vena paraespinal. El resultado es una pérdida de volumen de LCR, conocida como hipotensión intracraneal. Esta es una afección neurológica muy debilitante.

Cuando este volumen de líquido se reduce, hay menos líquido disponible para amortiguar el cerebro dentro del cráneo. Esta pérdida de volumen de LCR causa tracción en varias regiones cerebrales, lo que provoca un dolor de cabeza intenso y otros signos y síntomas neurológicos. Con la postura erguida, la pérdida de volumen de LCR a nivel espinal afecta más al cerebro.

La hipotensión intracraneal espontánea se manifiesta con mayor frecuencia en pacientes que sufren algún trastorno genético del tejido conjuntivo (tejido que sostiene, protege y estructura otros tejidos y órganos del cuerpo) que en la población general. Entre ellos se incluyen el síndrome de Ehlers-Danlos (EDS) clásico e hipermóvil y el síndrome de Marfan. Estos trastornos se asocian con una duramadre más delgada o débil y con divertículos meníngeos espinales, lo que aumenta la distensibilidad del compartimento espinal. Esta mayor “flexibilidad” de la duramadre puede favorecer un desplazamiento anómalo del LCR al ponerse de pie, provocando hipotensión intracraneal incluso en ausencia de una fuga detectable de LCR. Se ha demostrado que los pacientes con fugas espontáneas de LCR espinal tienen un mayor riesgo de aneurismas intracraneales, válvula aórtica bicúspide y aneurismas aórticos torácicos.

Se han descrito asociaciones ocasionales con enfermedad poliquística renal autosómica dominante, probablemente relacionadas con ectasias meníngeas, aunque la evidencia es limitada y no está firmemente establecida.

Esta condición afecta a hombres y mujeres de todas las edades, aunque el diagnóstico es más frecuente en mujeres. La edad típica de diagnóstico es alrededor de los 40 años. Se estima que cada año se detectan unos 4 casos por 100.000 personas, aunque esta cifra podría estar subestimada, ya que la incidencia real podría ser mayor debido a que el diagnóstico muchas veces no se realiza de forma correcta y no se conoce la prevalencia total de la enfermedad en la población.

Las investigaciones han revelado que, a pesar de la pérdida de LCR y del nombre de “hipotensión intracraneal”, los pacientes con fugas de LCR suelen tener una presión normal en el LCR cuando se mide la denominada “presión de apertura” mediante una punción lumbar. Este fenómeno aún no es ampliamente reconocido por la comunidad médica, incluso entre los médicos bien formados. Una presión de apertura normal puede hacer que un médico concluya erróneamente que es poco probable que haya una fuga de LCR. De hecho, muchos pacientes con una fuga de LCR tendrán presiones de apertura dentro del rango normal. En la actualidad, se cree que la hipotensión intracraneal es más un trastorno del volumen del LCR que un trastorno de la presión del LCR.

La hipotensión intracraneal espontánea está catalogada como enfermedad rara en España; su código ORPHA es 443180.

Causas

Existen varias causas conocidas de hipotensión intracraneal.

Algunos de los factores precipitantes que se asocian con la aparición de síntomas incluyen: cambios posicionales como recoger algo del suelo; maniobras de Valsalva como estreñimiento o hacer pesas; una lesión leve como estiramiento de yoga, torsión de la espalda mientras se gira hacia atrás, kickboxing, subirse a una montaña rusa, manipulación quiropráctica u otro tipo de manipulación espinal.

A continuación, analizamos algunas de las causas de las fugas de LCR espinales:

2.1 CAUSAS DE LA FUGAS DE LCR ESPONTÁNEAS

Las fugas espontáneas pueden aparecer con un desencadenante mínimo o nulo.

- Las fugas espontáneas de LCR espinal pueden estar asociadas con patología espinal, como material discal calcificado o espolones óseos. Estas fugas suelen ser ventrales, es decir, en la parte delantera de la médula espinal.

- Las fugas espontáneas también pueden producirse por un desgarro en la vaina de una raíz nerviosa espinal. En este caso, las fugas suelen ser laterales.

- Una fístula venosa de LCR (CVF), una conexión anormal entre el espacio subaracnoideo espinal y las venas paraespinales adyacentes. Aún no se comprende cómo se desarrollan.

- La hipertensión intracraneal subyacente no reconocida o diagnosticada.

2.2 CAUSAS DE LAS FUGAS DE LCR: TRAUMÁTICAS

Algunos de los factores desencadenantes de una fuga de LCR pueden clasificarse como traumáticos, esto es, causados como resultado de una lesión.

Se han informado fugas traumáticas asociadas con los siguientes eventos:

- Traumatismos graves en la cabeza y la columna vertebral; traumatismos menores, como un estornudo, una tos violenta.

- Lesiones deportivas, torsión troncal repetitiva: tenis, golf, yoga, kayak, piragüismo, etc.

- Accidentes automovilísticos, latigazo cervical, etc.

- Eventos relacionados con la maniobra de Valsalva: levantar objetos pesados, toser, hacer esfuerzos.

- Caídas.

2.3 CAUSAS DE LAS FUGAS DE LCR IATROGÉNICAS: CAUSADA POR UN PROCEDIMIENTO MÉDICO

La causa más común de una fuga de LCR espinal iatrogénica es la punción lumbar. El dolor de cabeza causado por una fuga de LCR espinal debido a una punción lumbar se conoce como cefalea post punción dural.

-A menudo, la duramadre lumbar se perfora intencionalmente por diversas razones diagnósticas y terapéuticas. Un ejemplo sería una punción lumbar diagnóstica para un paciente que se cree que tiene meningitis, para analizar y cultivar el LCR. También una punción lumbar para la inyección de contraste en un tipo de imagen de la columna vertebral conocida como mielografía.

-Una causa terapéutica común sería la anestesia epidural durante el parto. Pueden producirse desgarros durales de manera inadvertida en el momento de las inyecciones epidurales.

-Las infiltraciones epidurales de corticoides también pueden producir una punción accidental de la duramadre y generar una fuga de LCR.

-Otra causa sería la anestesia raquídea para una operación.

-Pueden ocurrir en el momento de una cirugía de columna o de otro tipo (cirugía de la base del cráneo).

-El drenaje excesivo de una derivación del LCR también puede causar hipotensión intracraneal.

La mayoría de las veces, estos orificios cicatrizan rápidamente, pero en algunos casos, no lo hacen. Sabemos que existe un menor riesgo de cefalea post punción dural cuando el procedimiento lo realizan médicos más experimentados, cuando se utilizan agujas de menor calibre y cuando se utiliza un tipo de aguja de punción lumbar menos traumática (punta de lápiz frente a la afilada).

Sintomas

El síntoma más común de una fuga de LCR espinal es el dolor de cabeza posicional u ortostático. Esto significa que el paciente siente un alivio parcial o total del dolor de cabeza cuando se acuesta y empeora considerablemente cuando el paciente está de pie o sentado erguido. Este empeoramiento puede aparecer de minutos a horas tras estar en posición vertical o hacerse más evidente por la tarde/noche, lo que se conoce como “dolor de cabeza de final del día o en la segunda mitad del día”. En algunos casos, pueden pasar horas hasta que los síntomas desaparezcan una vez acostado.

Toser, estornudar, reír, agacharse y llorar (conocidas como maniobras de Valsalva) pueden empeorar los síntomas.

Esta cefalea puede volverse menos posicional con el paso del tiempo y ser más generalizada.

Ocasionalmente, el dolor de cabeza nunca es posicional en absoluto, y raramente las personas pueden experimentar un patrón inverso, con un dolor de cabeza que empeora al encontrarse en decúbito.

Hay que tener en cuenta que no todos los pacientes con dolor de cabeza posicional tienen una fuga de LCR espinal y no todos los dolores de cabeza relacionados con fugas de LCR espinales son posicionales.

El dolor de cabeza suele localizarse en la parte posterior de la cabeza, a menudo en la base del cráneo y a veces descrito como una sensación de tirón desde la parte posterior de la cabeza hacia abajo, pero puede ser frontal, a ambos lados de la cabeza, en la parte superior o en toda la cabeza.

Otros patrones de presentación dolor de cabeza que pueden hacer sospechar la enfermedad es la aparición de dolor de cabeza un día específico, con dolor diario, y con poca mejoría a medicación (patrón similar a cefalea persistente diaria de novo) y el dolor de cabeza tipo trueno (dolor de cabeza súbito e intenso que alcanza el máximo grado de severidad en menos de un minuto).

Aunque el dolor de cabeza es el síntoma más común, no todas las personas con fuga de LCR espinal lo experimentarán. Reconocer el patrón de cefalea y otras manifestaciones clínicas que pueden aparecer, es importante para que los médicos sospechen el diagnóstico de hipotensión intracraneal secundaria a una fuga de LCR espinal.

Muchos de los síntomas pueden ser debilitantes y tener un impacto significativo en la calidad de vida y la capacidad de trabajo del paciente, siendo habitual que los pacientes afectados pierdan su puesto de trabajo al no poder desempeñar con normalidad una actividad laboral.

La gravedad de los síntomas y la discapacidad asociada a menudo se subestiman. Por todo ello, es común que los pacientes puedan sufrir cuadros de ansiedad y depresión.

Actualmente, no existe una única prueba diagnóstica que pueda diagnosticar la hipotensión intracraneal con un alto grado de certeza; por lo tanto, es fundamental que un especialista realice una evaluación detallada y estudie los síntomas.  A continuación, ofrecemos una lista de los síntomas más usuales que los pacientes pueden experimentar cuando sufren una fuga de LCR espinal.

CABEZA

  • Dolor de cabeza ortostático (puede cambiar con el tiempo)
  • Dolor de cabeza desencadenado por esfuerzos (maniobras de Valsalva)
  • Sensación de presión en la cabeza.
  • Dolor de cabeza postural invertido

OÍDOS/AUDICIÓN

  • Alteraciones auditivas (audición apagada, oídos tapados)
  • Tinnitus (que va desde pitidos y zumbidos hasta tinnitus pulsátil)
  • Hipoacusia o hiperacusia
  • Fonofobia (sensibilidad al sonido)
  • Sensación de líquido en los oídos
  • Sensación de presión en los oídos

OJOS/VISIÓN

  • Alteraciones visuales (visión borrosa, visión doble)
  • Fotofobia (sensibilidad a la luz)
  • Dolor detrás de los ojos o al mover los ojos

FACIAL

  • Dolor o entumecimiento facial, parestesia o presión
  • Sensibilidad o sensación de hormigueo en el cuero cabelludo
  • Presión sinusal
  • Dolor de mandíbula, dolor y rigidez en la articulación temporomandibular

ESPALDA, CUELLO Y EXTREMIDADES

  • Dolor o rigidez de cuello
  • Dolor interescapular (entre los omoplatos)
  • Dolor o entumecimiento en los brazos
  • Sensaciones de hormigueo y espasmos en la columna, la espalda, los brazos y, a veces, las piernas.

OTROS SÍNTOMAS

  • Mareo o vértigo
  • Nausea y vómito
  • Desequilibrio
  • Deterioro cognitivo (pérdida de memoria, problemas de concentración)
  • Niebla mental (sensación de desconexión)
  • Cambios en el gusto (sabor metálico)
  • Parálisis del nervio abducens
  • Fatiga
  • Galactorrea
  • Latidos cardíacos rápidos, especialmente al sentarse o estar de pie

Algunos de los síntomas raros y de las complicaciones que pueden aparecer tras sufrir una fuga de LCR aparecen a continuación. Estas presentaciones clínicas pueden pasar desapercibidas como posiblemente secundarias a la hipotensión intracraneal. Los síntomas no siempre aparecen simultáneamente ni en un orden determinado.

  • Síndrome de demencia frontotemporal variante conductual
  • Parkinsonismo u otros trastornos del movimiento
  • Cuadriplejia aguda
  • Ataxia (marcha inestable)
  • Siderosis superficial
  • Trombosis venosa cerebral
  • Hematoma subdural
  • Hemorragia subaracnoidea
  • Hemorragia cerebelosa crónica
  • Pneumoencéfalo
  • Herniación de la médula espinal
  • Siringomielia
  • Amiotrofia bibraquial
  • Espasmo hemifacial
  • Debilidad de brazos y/o piernas
  • Aracnoiditis adhesiva espinal
  • Síndrome de vasoconstricción cerebral reversible (afección rara que causa una constricción temporal de los vasos sanguíneos)
  • Síndrome de encefalopatía posterior reversible (afección rara que se asocia a una presión arterial muy alta y a síntomas neurológicos)
  • Ataque cerebrovascular
  • Coma
  • Muerte

 

Diagnóstico Diferencial

Muchos de los síntomas de fuga de LCR tienen características comunes con otros trastornos y estas similitudes suelen dar lugar a un diagnóstico erróneo. Sin embargo, la característica ortostática es un indicador clave de una fuga de LCR y, cuando está presente, no se debe descartar ésta. Debido a la rareza percibida de esta afección y la falta de experiencia de diagnóstico en los consultorios de médicos de cabecera y salas de urgencias, puede ser necesario que quienes experimenten síntomas de fuga de LCR planteen específicamente esta posibilidad a su médico de cabecera o médico de urgencias.

Para complicar aún más las cosas, un paciente puede tener una fuga y al mismo tiempo, esta puede coexistir con otras patologías.

Una fuga de LCR a menudo se diagnostica erróneamente como una de las siguientes condiciones:

  • Migraña crónica
  • Cefalea tensional
  • Cefalea cervicogénica (que surge de problemas en el cuello)
  • Cefalea persistente diaria de nueva aparición
  • Disautonomía
  • Malformación de Chiari (descenso de las amígdalas cerebelosas dentro del cráneo)
  • Dolor de cabeza sinusal
  • Meningitis
  • Neuralgia occipital, neuralgia del trigémino
  • Dolor de cabeza postraumático (post conmoción cerebral o latigazo cervical)
  • Trastorno psicógeno (derivado de problemas psicológicos), trastorno depresivo, trastorno de ansiedad

Otras afecciones que comparten algunos de los síntomas posicionales de una fuga de LCR son un tipo de disautonomía conocido como síndrome de taquicardia ortostática postural (POTS) que puede causar poca tolerancia a la postura erguida, la hipotensión ortostática, el vértigo posicional debido a alteraciones del oído interno y el temblor ortostático .

Se ha documentado que la hipotensión ortostática y también la taquicardia postural ortostática pueden desarrollarse como una condición secundaria a la hipotensión intracraneal; particularmente cuando los síntomas resultan en largos períodos de reposo en cama y se produce desacondicionamiento físico.

Tipos de fugas

FUGAS ESPONTÁNEAS ESPINALES

La comprensión de los tipos de fugas anatómicas ha contribuido a la evolución de las estrategias de diagnóstico por imagen adaptadas al tipo de fuga que se sospeche. El abordaje del tratamiento se planifica en función del tipo y la ubicación de la fuga.

Los tipos de fugas espontáneas de LCR espinal se pueden clasificar como sigue:

 

  • TIPO 1: DESGARRO DURAL

Son las fugas causadas por un desgarro o rotura de la duramadre.  La mayoría son ventrales y ocurren en la zona torácica alta. En imagen suelen verse colecciones de LCR extradural espinales en casi todos los casos. Si no se tratan, pueden causar depósitos sanguíneos meníngeos (hemosiderosis infratentorial, con síntomas como pérdida de audición y ataxia), así como herniación medular idiopática transdural, entre otras complicaciones.

1a: fugas de LCR ventrales, localizadas en la parte anterior del saco dural que rodea la médula espinal, frecuentemente asociadas a osteofitos calcificados.

1b: fugas de LCR posterolaterales, localizadas en la parte posterior o lateral del saco dural que rodea la médula espinal.

 

  • TIPO 2: DIVERTÍCULO MENÍNGEO

Son las fugas asociadas a divertículos meníngeos. La mayoría ocurre en la región torácica baja. Se pueden observar colecciones de LCR extradural espinales en aproximadamente una cuarta parte de los casos.

Recientemente se ha postulado que la mayoría de lo que se cree que son divertículos meníngeos rotos, son en realidad desgarros durales laterales en los que un divertículo aracnoideo se hernia sobre el desgarro dural.

2a: divertículos simples

2b: divertículos meníngeos complejos o ectasia dural

 

  • TIPO 3: FÍSTULA VENOSA

La mayoría de fístulas venosas de LCR ocurren en la zona torácica alta y en el lado derecho y se asocian normalmente a un divertículo meníngeo. Una o más fístulas de LCR pueden originarse a partir de las vainas de las raíces nerviosas espinales.

Aunque en presencia de una fístula venosa de LCR, los signos de hipotensión intracraneal en la resonancia cerebral son similares a los de otros tipos de fuga de LCR, éstas pueden tener imágenes craneales normales, y en las imágenes espinales, las acumulaciones de LCR extradurales suelen estar ausentes. Por estos motivos, si los síntomas son altamente sugestivos de la enfermedad, se prefiere buscar la posibilidad de este tipo de fuga.

La demencia frontotemporal (cambios de personalidad, desinhibición y apatía) está asociada a las fístulas venosas de LCR. A este tipo de demencia se la ha denominado “demencia espinal”.

Algunos investigadores han postulado que la hipertensión intracraneal crónica podría ser la causa subyacente de las fístulas venosas y que ésta podría provocar daños en las granulaciones aracnoideas espinales que finalmente terminarían haciendo comunicación directa hacia una vena del plexo venoso vertebral.

 

  • TIPO 4: FUGAS DE ORIGEN INDETERMINADO

Respecto a este tipo de fugas de origen indeterminado, con el avance en las técnicas de imagen y su mejor resolución, se logrará conocer su causa.

Las colecciones de LCR extradurales espinales están presentes en aproximadamente la mitad de los casos.

Imagen cedida por Peter Kranz.

Kranz PG, Gray L, Malinzak MD, Amrhein TJ. Spontaneous Intracranial Hypotension:
Pathogenesis, Diagnosis, and Treatment. Neuroimaging Clin N Am. 2019
Nov;29(4):581-594.

TIPOS DE FUGAS DE LCR

A. Divertículos meníngeos, normalmente asociados con vainas de raíces nerviosas.

B. Desgarros durales ventrales, a menudo causados por protuberancias discales calcificadas u osteofitos.

C. Fístulas venosas.

FUGAS IATROGÉNICAS

Los síntomas resultantes causados por una fuga de LCR espinal debida a procedimientos médicos se denomina cefalea post-punción dural, aunque a menudo comprende mucho más que un dolor de cabeza. En un subgrupo de casos, la cefalea post-punción dural puede volverse crónica o persistente.

La cefalea post-punción dural persistente puede aparecer tras punciones durales involuntarias durante la analgesia epidural. Hasta un 30% de las mujeres que sufren una punción dural involuntaria durante el parto sufrirán un síndrome de cefalea crónica, por lo que no se puede considerar una condición autolimitada.

Los riesgos de este tipo de fuga espinal de LCR pueden mitigarse mediante el uso rutinario de agujas espinales no cortantes (también denominadas de punta de lápiz o atraumáticas) y, si se utiliza una aguja cortante (como Tuohy) para una punción lumbar, es preferible el uso de una aguja de menor calibre.

En muchas ocasiones, este tipo de fugas son difíciles de diagnosticar debido a la elevada tasa de imágenes sin hallazgos anormales y a que la cefalea ortostática se hace progresivamente menos clara con el paso del tiempo.

En imágenes espinales y en la cirugía se ha observado que frecuentemente se forma un pequeño pseudomeningocele o "bleb" que predispone a una fuga continua de LCR.

Diagnóstico

El diagnóstico erróneo y tardío de las fugas de LCR espinales sigue siendo común hoy en día, en gran medida debido a la poca familiaridad de los profesionales de la salud con esta patología. Sin embargo, su reconocimiento ha ido en aumento en los últimos años.

Además, existe una variabilidad considerable en las presentaciones clínicas, lo que supone un gran desafío para su diagnóstico. A menudo, los pacientes son tratados sin éxito para la migraña, cefalea tensional o una larga lista de otros trastornos antes de considerar la hipotensión intracraneal. La gravedad de los síntomas y el grado de discapacidad a menudo se subestiman. Por todo ello, no es sorprendente que muchos pacientes sufran durante meses o años antes de que se realice un diagnóstico correcto.

Las pistas más importantes para el diagnóstico de hipotensión intracraneal se encuentran en los síntomas y en la historia clínica del paciente. Esto incluye: historia de procedimientos médicos o traumatismos, historia de trastornos hereditarios del tejido conectivo, problemas de la columna vertebral, etc.

El examen físico y neurológico, así como las analíticas de sangre suelen ser normales en pacientes que sufren una fuga de LCR. En ocasiones, un nivel elevado de prolactina puede indicar una fuga de LCR espinal cuando hay otros síntomas presentes.

Cuando se sospecha una fuga de LCR como resultado de los síntomas o de los antecedentes del paciente, el siguiente paso suele ser determinar la ubicación precisa de la fuga. La identificación del tipo y la localización de la fuga espinal de LCR son claves para la posterior planificación del tratamiento.

Dado que la fuga espinal de LCR tiene una causa estructural (un agujero o defecto en la duramadre o una fístula venosa), una vez diagnosticada, suele ser tratable.

Se pueden llevar a cabo diversas técnicas de diagnóstico por imagen para determinar dónde se produce la fuga de LCR; algunas son más eficaces que otras. Actualmente ninguna prueba de diagnóstico por imagen es 100% precisa para determinar si un paciente sufre una fuga de LCR. Es importante señalar que las imágenes de pacientes con fugas de LCR espinales a veces pueden ser normales y una resonancia magnética del cerebro o la columna vertebral sin signos de hipotensión intracraneal no descarta una fuga de LCR espinal. Incluso cuando la resonancia sí sugiere la enfermedad, las imágenes espinales actuales no siempre son suficientemente sensibles para localizar todas las fugas.

TIPOS DE IMÁGENES UTILIZADAS PARA DIAGNOSTICAR UNA FUGA DE LCR ESPINAL

IMÁGENES CRANEALES

TOMOGRAFÍA COMPUTARIZADA (CT)

Frecuentemente se solicita una tomografía computarizada (TC) del cerebro cuando un paciente se presenta en la sala de urgencias con inicio agudo de dolor de cabeza intenso. Se pueden observar colecciones de líquido (higromas) o hemáticas (hematomas) subdurales.

 

RESONANCIA MAGNÉTICA CRANEAL CON Y SIN CONTRASTE: HALLAZGOS DIAGNÓSTICOS

Como primera línea, se debe realizar una resonancia magnética (RM) cerebral en TODOS los casos en los que se sospeche una fuga de LCR espinal. Esta se debe realizar antes y tras la administración intravenosa de medios de contraste que contienen gadolinio. La RM cerebral con contraste es esencial para buscar signos que confirmen el diagnóstico de hipotensión intracraneal.      

Hay cinco hallazgos que se observan típicamente en las imágenes de RM cerebral cuando se considera el diagnóstico de fuga de LCR espinal:

  • Colecciones subdurales
  • Realce paquimeníngeo
  • Distensión venosa,
  • Aumento del tamaño hipofisario
  • Descenso de las amígdalas cerebelosas y del tallo cerebral

Otros signos que se pueden observar en imagen son:  pneumoencéfalo intraventricular en casos de hipotensión intracraneal de causa iatrogénica, disminución del diámetro y grosor del nervio óptico en secuencia T2 coronal, prominencia de los senos intercavernosos inferiores, trombosis venosa cerebral, edema cerebral difuso, hemosiderosis superficial infratentorial, ventrículos cerebrales reducidos de tamaño, desplazamiento inferior del quiasma óptico, venas epidurales cervicales superiores congestionadas e hiperostosis del cráneo.

Además de estos hallazgos comunes, la ESCALA DE BERNA utiliza hallazgos cualitativos y medibles específicos de la RM cerebral para predecir qué pacientes tienen más probabilidades de presentar una fuga de LCR espinal visible en imágenes más especializadas de la columna vertebral.

Este sistema de puntuación se basa en seis hallazgos de la RM cerebral: a tres criterios principales se les asignan 2 puntos cada uno y a tres criterios menores se les asigna 1 punto cada uno, lo que permite evaluar la probabilidad de encontrar una fuga de LCR en las imágenes espinales en individuos con hipotensión intracraneal. Esta escala varía de 0 a 9 puntos: los valores más altos se asocian con mayores posibilidades de encontrar una fuga de LCR.

Los criterios que sigue la escala de Berna son los siguientes:

Probabilidad de encontrar una fuga de LCR espinal en mielografía:

Probabilidad baja: 0- 2 puntos

Probabilidad intermedia: 3-4 puntos

Probabilidad alta: 5-9 puntos

 

Se debe tener en cuenta que la puntuación de la escala de Berna NO pretende predecir la probabilidad de que un paciente sufra hipotensión intracraneal espontánea y NO se correlaciona con la gravedad de los síntomas. Si la escala de Berna sugiere una probabilidad baja, no se debe privar a los pacientes de la evaluación y el tratamiento necesarios si la sospecha clínica sigue siendo significativamente elevada.

Utilizar una RM cerebral normal para descartar la hipotensión intracraneal espontánea es un error diagnóstico frecuente ya que estos hallazgos pueden estar ausentes hasta en el 20% de los pacientes, con mayor frecuencia cuando las imágenes se realizan semanas o meses después del inicio de los síntomas. La menor prevalencia de realce dural asociada a una mayor duración de los síntomas puede contribuir al subdiagnóstico.

IMÁGENES ESPINALES

RESONANCIA MAGNÉTICA ESPINAL

Se trata de una RM de la columna vertebral que permite observar colecciones extradurales. Como es una prueba no invasiva, suele ser el primer tipo de estudio de la columna vertebral que se realiza.

Algunas de las anomalías más comunes que se pueden encontrar y que sugieren una posible fuga de LCR a través de una RM espinal completa son: colecciones de líquido extradural, estrechamiento del saco tecal por la colección extradural que lo comprime y manguitos radiculares irregulares.

Hay que tener en cuenta que la RM es normal hasta en un 24-52% de pacientes con sospecha de hipotensión intracraneal espontánea. El porcentaje podría ser mayor en casos de fístulas venosas de LCR.

La RM espinal no se realiza con el objetivo de encontrar el punto de fuga, sino para determinar el tipo más probable de fuga de LCR espinal que tiene el paciente basándose en la presencia o ausencia de una colección de líquido en el espacio epidural o SLEC (Spinal Longitudinal Epidural Collection), lo que influye en la posterior técnica mielográfica a realizar y la posición del paciente durante su obtención.

    • Si hay colección epidural, el tipo de fuga más probable será del TIPO 1 o TIPO 2.
    • Si no hay colección epidural, se puede sospechar de una FÍSTULA VENOSA de LCR o desgarro lateral de la raíz nerviosa.

OTRAS PRUEBAS DE IMAGEN ESPINAL

Aunque los estudios de imagen espinal se siguen perfeccionando, continúan siendo insuficientemente sensibles en aproximadamente la mitad de las fugas de LCR espinales. A menudo, es necesario realizar más de un tipo de estudio de imagen espinal o repetir la toma de imágenes. Además, se ha de tener en cuenta que, ocasionalmente, un paciente puede tener más de una fuga.

Los hallazgos en la RM de la columna vertebral orientan la necesidad de técnicas adicionales de imágenes espinales que son más especializadas e invasivas como la Mielo-TC estándar o dinámica, la mielografía por sustracción digital (DSM), la tomografía computarizada con recuento de fotones (PC-CT) y la mielografía por RM con inyección de gadolinio intratecal.

Estas técnicas requieren una punción lumbar en las que se administra un medio de contraste en el espacio subaracnoideo, por donde circula el LCR, y, por lo tanto, existen riesgos asociados, como una nueva fuga debida a la punción lumbar.

 

Para cualquier imagen que requiera una punción lumbar, una aguja de tamaño más pequeño y un profesional experto pueden minimizar el riesgo de crear más fugas de LCR espinales durante la prueba.

 

El rendimiento de estas imágenes puede verse afectado por la posición del paciente y la fase respiratoria. 

Un punto muy importante al realizar una mielografía, es que hay que tener en cuenta que existen ciertas colecciones de líquido que aparecen en imagen pero que no se corresponden con el punto de fuga real del paciente. Esto puede dar lugar a tratamientos dirigidos al lugar erróneo.

Estos falsos puntos de fuga son los siguientes:

-Una colección de líquido paraespinal en la región cervical alta (C1-C2) que se ha denominado "falso signo localizador".

-Otro signo de falsa localización de fuga se encuentra en la región cérvico-torácica.

-Un signo de vena paraespinal hiperdensa puede ser un falso signo de localización de fístulas venosas de LCR.

En pacientes con alta sospecha clínica de hipotensión intracraneal, pero RM cerebral y espinales normales, una fístula venosa de LCR será la causa más probable. La probabilidad de encontrar una fuga en estos pacientes es baja, pero la Mielo-TC en decúbito o la DSM en decúbito lateral son las opciones más recomendadas.

 

MIELO-TC          

Una mielografía por TC implica la inyección de contraste radiográfico (iodado) en el espacio intratecal (por donde circula el LCR) a través de una punción lumbar, seguida de una TC de la columna vertebral. Aprovechando la punción lumbar, se puede medir la presión de apertura. No se recomienda extraer líquido ya que puede empeorar los síntomas.

Según las circunstancias, se pueden tener en cuenta algunas variables, como el momento de la obtención de imágenes después de la inyección de contraste (imagen dinámica, temprana o tardía), la cantidad de medio de contraste, la inyección intratecal de solución salina normal para aumentar la presión intratecal o la posición del paciente.

 

MIELO-TC DINÁMICO

En este tipo de mielografía, se obtienen imágenes mientras se inyecta el contraste. Se puede utilizar para todos los tipos de fugas, aunque se utiliza con mayor frecuencia para localizar fugas de LCR de flujo rápido.

Normalmente se posiciona al paciente en decúbito lateral cuando el objetivo es localizar una fuga lateral o una fístula venosa de LCR. Se suele llevar a cabo en dos sesiones, una para cada lado, aunque hay algunos centros que lo hacen en una sesión.

Se usa una aguja no cortante de punta de lápiz con orificio lateral para minimizar la cefalea post punción dural. Si el paciente tiene síndrome de Ehlers-Danlos puede ponerse un parche en el sitio de la punción ese mismo día.

Una técnica utilizada normalmente cuando se realiza una Mielo TC es la inspiración resistida ya que se ha demostrado que este tipo de respiración puede aumentar la visibilidad de las fístulas venosas de LCR, presumiblemente reduciendo la presión venosa central y facilitando el movimiento del LCR a través de la fístula.

MIELOGRAFÍA POR SUSTRACCIÓN DIGITAL (DSM)

Una DSM es una mielografía realizada bajo fluoroscopia con la capacidad adicional de sustraer digitalmente una imagen previa al contraste intratecal para mejorar la visualización posterior del contraste.

Se utiliza para obtener imágenes de fugas rápidas, fugas ventrales (anteriores) o fugas no asociadas con una colección extradural obvia de LCR, como una fístula venosa de LCR. La posición puede ser decúbito lateral, prono o supino. Una Mielo TC se puede realizar poco después o con retraso para completar la obtención de las imágenes.

Esta técnica de imagen proporciona una alta resolución temporal. Como desventaja podemos señalar que carece de una obtención de imágenes simultáneas de toda la columna vertebral, es susceptible al movimiento, a la superposición de estructuras óseas (como el hombro) y a la respiración. Por estos motivos, se puede hacer bajo anestesia general para detener la respiración por un corto tiempo, evitando así el movimiento en la imagen y asegurando el éxito técnico.

 

TOMOGRAFÍA COMPUTARIZADA CON RECUENTO DE FOTONES O PHOTON-COUNTING CT (PC-CT)

La tomografía computarizada con recuento de fotones (PC-CT) supone una nueva tecnología para hallar fugas difíciles de detectar con otras técnicas de imagen, especialmente fístulas venosas de LCR que drenan al plexo venoso epidural interno.

Esta técnica de imagen ofrece una excelente resolución espacial, alta resolución temporal, capacidades de imagen espectrales y menor dosis de radiación.

A diferencia de la mielografía por sustracción digital, con el PC-CT se pueden obtener imágenes de forma bilateral en la misma sesión, lo que evita realizar una nueva punción en la duramadre.

 

RESONANCIA MAGNÉTICA ESPINAL CON INYECCIÓN DE GADOLINIO INTRATECAL

Se puede realizar una RM de la columna vertebral después de la inyección de gadolinio en el espacio intratecal a través de una punción lumbar, sin embargo, este es un uso fuera de indicación (off-label) del gadolinio.

Esta técnica carece de la resolución temporal de la Mielo TC dinámica y la DSM y no se recomienda como técnica de primera o segunda línea. A veces puede ser útil en casos de sospecha de divertículo meníngeo de filtración lenta cuando la Mielo TC dinámica o la DSM han sido negativas.

 

CISTERNOGRAFÍA ISOTÓPICA

La cisternografía isotópica es un estudio de medicina nuclear que se utiliza ocasionalmente. Puede verse una acumulación focal de actividad que puede ayudar a confirmar la presencia de fugas de LCR, pero no es sensible para localizar el punto de la fuga.

Esta técnica de imagen carece de una eficiente resolución espacial y temporal y no se recomienda como herramienta para localizar fugas de LCR.

PUNCIÓN LUMBAR

La punción lumbar no debe realizarse rutinariamente con el único propósito de confirmar el diagnóstico de hipotensión intracraneal. Si la punción lumbar se realiza por otros motivos, como para excluir diagnósticos alternativos o en el momento de realizar la mielografía, en ese momento puede medirse la presión de apertura del LCR. Sin embargo, la presión normal o incluso alta no es infrecuente y no descarta la fuga de LCR.

 

Tratamiento

El tratamiento de las fugas de LCR espinales varía desde medidas conservadoras (como el reposo en cama), parches hemáticos epidurales y embolizaciones transvenosas, hasta procedimientos quirúrgicos.

Algunos pacientes presentan síntomas que se resuelven espontáneamente en cuestión de días o semanas sin necesidad de buscar o requerir atención médica. Sin embargo, en un subgrupo de pacientes, las fugas espinales de LCR pueden tener complicaciones graves que obliguen a una intervención más significativa y menos conservadora.

Un porcentaje sustancial de pacientes responden favorablemente a uno o más procedimientos de parches hemáticos epidurales. Cuando el parche hemático no tiene éxito o si los síntomas vuelven a aparecer, los hallazgos de las imágenes espinales ayudan a guiar el tratamiento posterior.

En ocasiones la cirugía puede ser la mejor opción. Las reparaciones quirúrgicas de fugas de LCR espinal tienen buenas tasas de éxito en manos de neurocirujanos experimentados.

Los resultados de los tratamientos son generalmente favorables. Sin embargo, tanto en el caso de las fugas iatrogénicas como en el de las fugas espontáneas, algunos pacientes requieren múltiples procedimientos o evolucionan hacia formas crónicas de la enfermedad, presentando síntomas persistentes y discapacidad asociada

En este aspecto, cabe destacar la importancia de la multidisciplinariedad (neurología, anestesia intervencionista, neurorradiología, neurocirugía) en el manejo de las fugas de LCR para lograr un tratamiento integral del paciente y obtener mejores resultados.

TRATAMIENTO CONSERVADOR: MANEJO DE SÍNTOMAS

Como primera opción, y mientras se realizan los estudios para encontrar la fuga de LCR, se establece un manejo conservador, lo que implica controlar los síntomas.

Algunas medidas conservadoras habituales son:

  • Reposo en cama / posición horizontal
  • Elevación del pie de la cama logrando que la pelvis quede en una posición más alta que la cabeza (posición de Trendelenburg)
  • Hidratación oral e intravenosa
  • Cafeína oral e intravenosa (estimula la producción de LCR)
  • Aumento temporal de la ingesta de sodio
  • Uso de faja abdominal
  • Evitar las maniobras de Valsalva
  • Medicamentos para controlar las náuseas

Sería conveniente matizar el papel de la cafeína y del sodio en la producción de LCR. De forma aguda, la cafeína puede mejorar la cefalea asociada a la fuga de LCR, no tanto por un aumento de la producción de LCR, sino principalmente por su efecto vasoconstrictor cerebral, que reduce la distensión venosa y puede aliviar los síntomas. Sin embargo, cuando su consumo es crónico o mantenido, existen mecanismos de compensación que pueden conducir a un aumento neto de la producción de LCR y favorecer la hipertensión de rebote tras el cierre de la fuga. Por ello, se recomienda que su uso debe limitarse a fases iniciales sintomáticas y evitarse tras la resolución de la fuga o después de un parche epidural.

El tratamiento conservador debe discutirse con todos los pacientes con sospecha de hipotensión intracraneal y aplicarse durante un máximo de dos semanas desde el inicio de los síntomas, al tiempo que se ofrece un parche hemático epidural no dirigido lo antes posible, en caso de que los síntomas no se resuelvan únicamente con el tratamiento conservador.

PARCHE HEMÁTICO EPIDURAL

Un tratamiento inicial habitual para una fuga de LCR espinal es un parche hemático epidural. En este procedimiento, se extrae sangre de la vena del brazo del propio paciente y se inyecta inmediatamente el espacio epidural (el espacio que se encuentra justo fuera de la duramadre, dentro del canal espinal) formando un “parche” sobre el defecto en la duramadre. Los expertos creen que, a través de este enfoque, los factores de coagulación de la sangre pueden sellar la fuga.

Un parche puede ser dirigido (cuando se conoce el lugar de la fuga, como una fuga posterior a una punción lumbar, o en fugas espontáneas anteriores o laterales) o puede ser no dirigido o “parche ciego” (cuando no se sabe el punto exacto de la fuga). Un parche hemático es más eficaz si se aplica directamente al sitio de la fuga.

Debe ofrecerse un parche no dirigido a los pacientes con diagnóstico clínico y/o por imagen de hipotensión intracraneal después de no más de 2 semanas de tratamiento conservador. Si no hay respuesta o hay una respuesta transitoria al primer parche hemático, podría considerarse un segundo parche antes de proceder a la mielografía. El intervalo de tiempo recomendado entre parches hemáticos (o tras la reaparición de los síntomas en los casos de respuesta transitoria) debe ser de 2-4 semanas.

Los parches hemáticos deben ser realizados por un anestesiólogo o un neurorradiólogo, bajo anestesia local, con la opción de utilizar sedación consciente y con la opción de utilizar guía fluoroscópica o TC para acceder al espacio epidural y visualizar dónde se coloca la sangre.

El volumen de sangre varía según las circunstancias del paciente. Por norma general, cuando se trata de un parche ciego o no dirigido, debe administrarse tanta sangre como sea posible en la zona lumbar o, menos frecuentemente, en la zona torácica, variando el volumen desde 20 a 40 mL de sangre. Cuando es dirigido, el volumen suele ser menor. La administración de sangre autóloga debe cesar cuando el paciente experimente dolor/presión de espalda, cefalea o síntomas radiculares que ya no pueda tolerar.

Se recomienda un periodo de reposo en cama tras la intervención de 2 a 24 horas en observación. Tras los parches de sangre no dirigidos, los pacientes deben estar en posición supina o de Trendelenburg. El parche epidural es eficaz para muchos pacientes, pero puede carecer de durabilidad.

Los parches hemáticos serán eficaces en algunos pacientes, pueden proporcionar un alivio parcial en otros y pueden evitar la necesidad de pruebas invasivas en aquellos en los que sí tienen éxito.

Los parches dirigidos pueden realizarse en pacientes en los que se sospeche el sitio de fuga o este haya sido identificado por mielografía y al que se pueda acceder de forma segura mediante un abordaje transcutáneo guiado por imagen. A veces se utiliza un adhesivo de fibrina en los parches dirigidos.

El parche hemático epidural dirigido (guiado por imagen) suele tener mejores tasas de éxito que el ciego.

 

CONSEJOS TRAS PARCHE HEMÁTICO EPIDURAL

Se debe aconsejar a los pacientes que permanezcan tumbados el mayor tiempo posible durante 3 días después del procedimiento para maximizar las posibilidades de éxito.

Las compresas frías pueden ser útiles para el dolor de espalda, que alcanza su punto máximo aproximadamente 3 días después del parche sanguíneo epidural y luego disminuye gradualmente.

Es importante controlar los vómitos posteriores a la aplicación del parche (si los hay). Hable con el médico sobre la posibilidad de tomar medicamentos para las náuseas. Los vómitos pueden generar una presión perjudicial que puede abrir la fuga, por lo tanto, controlar los vómitos ayudará a prevenir el fracaso del parche.

También es importante controlar el estreñimiento tras la aplicación del parche. Hable con el médico sobre la posibilidad de tomar algún medicamento. El estreñimiento y el esfuerzo excesivo asociado pueden provocar que el parche no funcione.

NOTA IMPORTANTE: Se deben evitar las siguientes actividades durante 4 a 6 semanas (y hasta los siguientes 6 meses): agacharse, hacer esfuerzos, estirarse, retorcerse, toser con la boca cerrada, estornudar, levantar objetos pesados, hacer ejercicio intenso y el estreñimiento.

 

PARCHE EPIDURAL CON ADHESIVO DE FIBRINA

Los procedimientos de parcheo epidural pueden dirigirse a niveles específicos de la médula espinal y a menudo incluyen el uso de adhesivo de fibrina. Este se utiliza a menudo cuando un parche hemático falla repetidamente.

El adhesivo de fibrina se puede aplicar de la misma manera que un parche de sangre para sellar un sitio conocido de fuga de LCR en la columna vertebral. En ocasiones, el adhesivo se puede mezclar con sangre e inyectar como un parche combinado, y esto a veces se utiliza cuando no se conoce el sitio preciso de la fuga, pero se sospecha que se trata de un área relativamente pequeña de la médula espinal.

El adhesivo de fibrina también puede inyectarse directamente en una fístula venosa de LCR o en un quiste meníngeo para ocluirlos (taponarlos). Los neurorradiólogos intervencionistas y los anestesiólogos son las especialidades médicas que realizan estos procedimientos de inyección espinal con más frecuencia. Estos procedimientos pueden repetirse si la mejoría no es completa o no es duradera.

Hay que tener en cuenta que el adhesivo de fibrina es un sellador biológico, que puede utilizarse sólo o en combinación con la sangre del paciente. El uso de adhesivo de fibrina en el espacio epidural es un uso fuera de indicación, pero la experiencia acumulada ha demostrado que es seguro en manos experimentadas. Este podría ocasionalmente provocar reacciones alérgicas o anafilácticas, pero el tratamiento previo con medicamentos reduce ese riesgo.

 

POSIBLES CAUSAS DE FALLO DE LOS PARCHES

Hay diferentes causas por las que un parche hemático epidural puede no funcionar. Entre estas están las siguientes:

  • Postura inadecuada del paciente.

  • Volumen de sangre insuficiente.

  • Uso de esteroides.

  • Colecciones de gran volumen.

  • Deformidad diencéfalo-mesencefálica significativa por el descenso del encéfalo.

  • Pliegue medio dorsal intacto (impide que la sangre inyectada acceda al otro lado de la médula).

  • Punción dural ventral (es más difícil que la sangre inyectada alcance la zona ventral)

  • Formación de fístula dural.

  • Formación de un bleb dural.

  • Fístula venosa de LCR.

  • Formación de una neo-membrana/pseudo dura.

 

OTROS TRATAMIENTOS

En el caso de fístulas venosas de LCR, los parches hemáticos epidurales tienen baja probabilidad de ser efectivos. El tratamiento de elección es la embolización transvenosa retrógrada que suelen realizar neurorradiólogos intervencionistas. La inyección percutánea de fibrina guiada por TC (en la que se inyecta fibrina directamente en una fístula venosa de LCR para obstruirla) es una opción en casos seleccionados, y la cirugía queda como alternativa.

La embolización transvenosa es un tratamiento relativamente nuevo para las fístulas venosas de LCR. Consiste en insertar un catéter e inyectar un sistema embólico líquido no adhesivo (Onyx) que tapona permanentemente esas venas. Los resultados a corto plazo son favorables en pacientes cuidadosamente seleccionados.

Hay veces que, tras la embolización de las fístulas, estas recurren en otros niveles espinales.  Posibles causas de este fenómeno podrían ser la existencia de conexiones fistulosas multinivel entre el LCR y las venas en determinados tipos de fístulas venosas. La ligadura de una conexión provocaría otras conexiones para compensar el drenaje. Otra causa podría ser una hipertensión intracraneal basal que se origina en trastornos subyacentes como la malformación de Chiari 1 o la apnea obstructiva del sueño.

 

CIRUGÍA

La reparación quirúrgica debe considerarse en pacientes que siguen sintomáticos tras un tratamiento conservador y/o tras uno o varios parches hemáticos que no han dado resultado.

Las reparaciones quirúrgicas pueden incluir sutura, la aplicación de parches artificiales de duramadre y el uso de clips. Si no se conoce el sitio, pero se sospecha de un área, a veces es posible realizar una cirugía exploratoria para intentar localizar y reparar la fuga.

Dependiendo del lugar de la fuga, del tipo de fuga y de otros factores, la cirugía para reparar una fuga de LCR espinal puede adoptar la forma de laminectomía, laminotomía, microcirugía mínimamente invasiva con retractores tubulares u otras técnicas.

En estos casos, los hallazgos y la interpretación de las imágenes espinales son de suma importancia para la planificación de la cirugía y los resultados de esta.

El enfoque específico se adaptará al tipo y la ubicación de la fuga y a las características del paciente individual. La localización errónea del punto de fuga en las imágenes puede llevar a un tratamiento mal dirigido.

Los procedimientos de parche epidural y los procedimientos quirúrgicos pueden tener mejores resultados con médicos que tratan un mayor volumen de pacientes.

 

HIPERTENSIÓN INTRACRANEAL DE REBOTE

Tras el cierre de la fuga, se puede producir una hipertensión intracraneal de rebote entre horas y días después del tratamiento en aproximadamente un 25% de pacientes. Esta se caracteriza por una elevación de la presión del LCR tras el procedimiento.

Por lo general, se presenta con un patrón de dolor de cabeza diferente en cuanto a ubicación y aspecto posicional. Suele aparecer una cefalea frontal o periorbitaria, acompañada de náuseas o emesis y empeora en posición horizontal. Mientras que antes del tratamiento los pacientes se sentían mejor cuando permanecían en posición horizontal (tumbados), ahora pueden sentirse peor haciéndolo, aunque no siempre se distingue fácilmente del dolor de cabeza asociado con la hipotensión intracraneal.

La hipertensión de rebote suele ser autolimitada en la mayoría de las personas y a menudo puede controlarse sin tratamiento médico. En el caso de requerir tratamiento para controlarla, la acetazolamida es el medicamento que se prescribe con más frecuencia, aunque también se utilizan otros medicamentos como el topiramato. Si la cefalea es muy intensa o el empeoramiento continúa después de 1-2 semanas, puede estar indicada una revisión clínica adicional.

Es importante reconocer y tratar esta condición para evitar complicaciones. En algunos casos es necesario extraer LCR a través de una punción lumbar. En casos graves, si la visión se ve amenazada, puede ser necesaria la colocación de un stent en el seno venoso transverso y/o la fenestración del nervio óptico

Debido a que la investigación sobre este tema ha sido limitada hasta la fecha, aún no se ha aclarado la historia natural de este fenómeno ni los mejores enfoques de tratamiento.  

Un diagnóstico y tratamiento más rápidos ofrecen los mejores resultados, aunque es posible la curación incluso después de años o décadas de síntomas.

Consejos naturales útiles para controlar la hipertensión intracraneal de rebote serían los siguientes: evitar la cafeína, evitar el sodio, dormir con una almohada en forma de cuña o levantar la cabecera de su cama usando libros o bloques debajo de las patas de la cama y beber té elaborado con jengibre fresco o productos de jengibre para aliviar las náuseas.

Sobre beber té de hojas de diente de león, es conveniente matizar que no existe evidencia científica que respalde su utilidad en el control de la presión intracraneal o en fugas de LCR. El diente de león sólo tiene un efecto diurético leve, muy inferior al de los fármacos empleados de forma estándar, por lo que debería presentarse como complemento opcional y no como medida terapéutica eficaz.

PRECAUCIONES GENERALES POST TRATAMIENTO

Siempre debe consultar a su médico sobre las precauciones que debe tomar después de haber sufrido una fuga o después de su tratamiento, ya que cada persona responde de manera diferente. Ya sea que haya tenido una fuga de LCR que se haya resuelto por sí sola o que haya tenido una fuga que haya requerido intervención médica, existen precauciones generales prácticas a tomar después de cualquiera de estas circunstancias, entre ellas:

  • Evitar agacharse, retorcerse, estirarse y hacer esfuerzos.
  • Evitar levantar objetos pesados ​​(nada que pese más de 2,5 kg)
  • Evitar toser o estornudar con la nariz/boca cerrada
  • Evitar hacer fuerza en el baño, inflar globos o tocar instrumentos de viento o de metal.
  • Evitar o reducir los elementos que puedan elevar el volumen o la presión del líquido que rodea el cerebro, como la cafeína o la sal (sodio).
  • Evitar caminar sobre arena blanda o nieve.

El plazo para cumplir con estas precauciones variará de caso a caso, pero siempre debe ser determinado por su médico.

PACIENTES SIN LOCALIZACIÓN DEL PUNTO DE FUGA

Estos pacientes se pueden beneficiar de la aplicación empírica de parches sanguíneos epidurales. Una respuesta favorable a un parche hemático epidural respalda el diagnóstico de fuga en pacientes en los que no ha sido localizado el punto de fuga. Si tienen buena respuesta clínica pero temporal, se les puede repetir el parche o realizar una mielografía dinámica para intentar localizar el punto de fuga.

En caso de que no haya una respuesta clínica a los parches empíricos, pueden considerarse diagnósticos alternativos. Un equipo multidisciplinar se reunirá para debatir el tratamiento de estos pacientes, con el fin de optimizar la atención.

Pronóstico: Perspectivas de recuperación en caso de fuga de LCR Espinal

Las fugas de LCR espinales son tratables. El pronóstico para muchos pacientes con una fuga de LCR espinal es favorable, cuando se reconoce el diagnóstico y se ofrece el tratamiento adecuado. Una vez que se ha sellado con éxito una fuga, los pacientes pueden ser optimistas sobre el pronóstico. Muchas veces, el resultado exitoso se medirá en meses en lugar de días.

Los centros que atienden un mayor volumen de casos están más familiarizados con las técnicas de imágenes refinadas, la interpretación de las imágenes y la gama de tratamientos disponibles.

Cabe señalar que, si bien los resultados tienden a ser buenos en manos experimentadas, muchos pacientes no reciben atención oportuna y adecuada.

Un subconjunto de pacientes continúa teniendo síntomas persistentes y discapacidad asociada a pesar de numerosas intervenciones, independientemente de si la fuga es iatrogénica o espontánea.

 

PRONÓSTICO DE LAS FUGAS IATROGÉNICAS

En el caso de  las fugas iatrogénicas, la gran mayoría de los pacientes evolucionan bien.

Las fugas por punciones lumbares o desgarros involuntarios de la duramadre a causa de las inyecciones epidurales durante el parto suelen tratarse con éxito con uno o más parches hemáticos epidurales. Sin embargo, hay casos en los que es necesaria una reparación quirúrgica.

Los defectos durales que se producen durante la cirugía de columna a menudo requieren una reparación quirúrgica abierta para sellar la fuga.

 

PRONÓSTICO DE LAS FUGAS ESPONTÁNEAS

Las fugas espontáneas de LCR espinales suelen estar asociadas con una patología espinal o una duramadre anormal en la mayoría de los casos. Estos pacientes evolucionan bien en general, aunque algunos pueden requerir varios procedimientos.

Un porcentaje sustancial de pacientes responden favorablemente a uno o más parches hemáticos epidurales. Cuando los parches no funcionan o si los síntomas reaparecen, los hallazgos de las imágenes espinales ayudan a guiar el tratamiento posterior. El parche epidural con fibrina puede dirigirse al lugar de la fuga, o una reparación quirúrgica puede ser la mejor opción.

Otras consideraciones

Las fugas de LCR son una afección médica poco frecuente pero potencialmente grave que puede tener un impacto significativo en la salud y la calidad de vida de una persona.

Estas consideraciones tienen como objetivo proporcionar información clara y concisa sobre los riesgos, la duración y las posibles consecuencias de las fugas de LCR. Si bien la información proporcionada es de naturaleza general, es importante consultar con un profesional médico para obtener asesoramiento personalizado si sospecha que puede tener una fuga de LCR.

Si bien las fugas de LCR de la columna vertebral pueden curarse por sí solas en cuestión de días o semanas con medidas conservadoras, no se recomienda dejar una fuga de LCR sin tratar durante más de dos semanas. Las medidas conservadoras incluyen reposo en cama e hidratación oral (2.0-2.5 litros por día). Las bebidas con cafeína pueden ayudar a algunos pacientes.

Las fugas de LCR espinales pueden causar hipotensión intracraneal que conduce a fuertes dolores de cabeza, alteraciones auditivas, problemas de equilibrio, náuseas, vómitos y problemas cognitivos que van desde síntomas leves a graves, similares a la demencia.

Las fugas de LCR pueden ser peligrosas si no se tratan y la fuga es especialmente rápida o grande; sin embargo, el cuerpo repone el LCR constantemente y en la gran mayoría de las fugas, la pérdida de volumen no es suficiente para considerarse potencialmente mortal. 

Las fugas prolongadas aumentan los riesgos de desarrollar complicaciones, incluidas las relacionadas con estar en cama o en casa, por ejemplo, desacondicionamiento físico, trombosis venosa profunda (coágulos de sangre) y las directamente relacionadas con tener una fuga, por ejemplo, hematomas subdurales, trombosis venosa cerebral, siderosis superficial, amiotrofia bibraquial y herniación medular.

Estas complicaciones pueden provocar daños permanentes y discapacidad. Los pacientes que han vivido con una fuga durante algún tiempo antes de cerrarla con éxito pueden seguir luchando con algunos de los siguientes problemas: dolores de cabeza crónicos, deterioro cognitivo, problemas de equilibrio y, en algunos casos, daño en los nervios.

Los siguientes síntomas obligan a buscar atención médica urgente: cefalea explosiva o diferente a la habitual, alteraciones visuales, déficit neurológico, somnolencia marcada, fiebre o empeoramiento progresivo tras un parche, entre otros. Estar atento a estas “red flags”, facilitaría la detección precoz de complicaciones graves.

 

Si bien la muerte por una fuga de LCR es extremadamente rara, puede ocurrir en casos graves, generalmente debido a complicaciones como una herniación cerebral. La gran mayoría de las fugas de LCR no implican una pérdida rápida de grandes volúmenes de LCR que daría lugar a una herniación cerebral.

Busque atención médica tan pronto como sospeche una fuga de LCR, ya que los mejores resultados se obtienen con el tratamiento temprano. Mientras tanto, debe evitar levantar objetos pesados ​​y hacer esfuerzos.

En gran parte de los pacientes que reciben un diagnóstico rápido y un tratamiento temprano y exitoso, la mayoría de los síntomas son reversibles.

Ahifuga
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